TESSEL·LA

Cultura Medieval

CRÍPTICA GIRONA

 
Monasterio de Sant Pere de Galligants
Monasterio de Sant Pere de Galligants

 Después de la caída de Roma, muchas ciudades, sobre todo aquellas que se encontraban alejadas del centro del Imperio, iniciaron una nueva vida y, con ello, una nueva historia. Cobijadas en el despertar de la Edad Media, muchos núcleos urbanos cambiaron su arquitectura por completo y erigieron plazas y templos cada vez más grandes, según la prosperidad económica y la bonanza cultural de la comunidad. Aunque no todas alcanzaron un alto nivel, hubo algunas que sí, como Girona, la segunda ciudad más importante de Catalunya y, quizás, la más bella de todas.

Su casco antiguo es uno de los más exuberantes y mejor conservados de la región. En el Call de Girona, o barrio judío, descubrimos enigmáticas historias; y en algunas de sus edificaciones religiosas se esconden también oscuras simbologías. Ello, porque el ser humano, desde la Antigüedad, ha grabado en piedra sus más furtivos secretos.

 

fuente-girona

Catedral esotérica
Es muy conocida la teoría de que las catedrales góticas están ornamentadas con imágenes y símbolos esotéricos, sobre todo las francesas, como la de Chartres o Notre Dame, de acuerdo con el anónimo alquimista Fulcanelli. Esto se aprecia en la Catedral de Girona, en especial en sus vitrales, relieves y esculturas, cuya religiosidad es aparente.

Los símbolos más crípticos se hallan en muchas de las 78 dovelas clave de la bóveda de la Catedral. Entre ellas observamos representaciones de animales o instrumentos ligados con el simbolismo alquímico. Por ejemplo, la olla que Santa Marta revuelve alude al Athanor, esto es, el horno en el que se mezclan los tres elementos primordiales de la Gran Obra; o aquel cuervo posado en la mano del acompañante de San Domènech de Guzman representa el nigredo, primera fase del proceso alquímico.

Casco antiguo de la ciudad
Casco antiguo de la ciudad

Claustro musical
Lo más inusual, sin embargo, se advierte en el claustro románico de la Catedral, donde las bestias que adornan los capiteles, según el musicólogo Marius Schneider, encarnan melodías. Así, aves, sirenas, centauros o leones, simbolizan notas musicales y estos, a su vez, mantienen una correlación rítmica con números, planetas, colores y toda clase de categorías temporales e ideológicas. Este bestiario sugiere una relación con sistemas musicales de la India.

Otros de los tantos misterios de Girona se encuentran en sus insólitas esculturas, como el león trepado en una columna de la calle Calderers o aquella cabeza sobre el portal de la sala de sesiones del Ayuntamiento, de cuyo cráneo emerge un árbol; en las sirenas del claustro del monasterio de Sant Pere de Galligants; así como en las adoquinadas calles del Call y sus leyendas de fantasmas; en los prodigios de Sant Feliu, o en las fabulosas fuentes de Girona. Y es que las ciudades, al igual que los hombres, también tienen sus historias: algunas recónditas y oscuras, otras heroicas y fastuosas.

 

Texto y fotos: Reinhard Huamán Mori
Publicado en el diario peruano
Expreso. 24.X.2008

Diciembre 11, 2008 Publicado por Elena Roig | detalles medievales, historia | , , , , , , , , | Aún no hay comentarios

EL MUNDO DE ALEJANDRO MAGNO: el globo terráqueo medieval

 

 Alejandro en majestad, Libro de Alexandre, ms. Osuna, f. 4v

 

 

 

La figura de Alejandro Magno resulta de gran atractivo para el hombre medieval, como se deduce del gran número de obras que se escribieron en torno a este personaje, tanto en latín como en lenguas románicas. Una de las razones es que Alejandro reúne en su persona una serie de características que resultan atractivas para las dos clases dirigentes de la época, tanto a nobles guerreros como a clérigos intelectuales: Alejandro funde en su persona fortitudo y sapientia, el espíritu caballeresco militar y el intelectual escolar.

Relacionados con esta doble faceta de su personalidad, existen dos resortes o impulsos básicos que mueven a Alejandro a actuar: 1) Conquistar el mundo; esto es, obtener fama por medio de hazañas militares (fortitudo) y ver así su nombre escrito para siempre en el libro de la Historia. 2) Satisfacer una curiosidad intelectual insaciable, casi científica (sapientia), porque no le basta con dominar el mundo militarmente: también quiere comprenderlo con su inteligencia. El retrato de guerrero y rey, ambicioso de poder, se aúna a la imagen de Alejandro como discípulo de Aristóteles; su ambición se justifica porque se trata de una ambición de saber y de conocimiento, no sólo de poder político. De hecho, esta necesidad intelectual le lleva a desear llegar más allá de los territorios conquistados, hasta ver el fin del mundo del que le había hablado Aristóteles siendo joven.

En términos literarios, podemos observar que los escritores medievales supieron conjugar bien ambas facetas a la hora de dibujar a Alejandro: el mundo que se expande bajo la mirada de un Alejandro erudito y aventurero aparece muy bien reflejada en una conocida escena del Libro de Alexandre castellano, la que narra su ascenso al cielo. De hecho, recoge un mito de origen oriental, según el cual Alejandro acariciaba la idea de volar para poder contemplar toda la tierra desde las alturas. Con el fin de poder hacerlo, crió a dos grifos -animales fabulosos con cabeza de águila y cuerpo de león, alas y garras de ave o de león-, que los bestiarios medievales describen como dotados de fuerza extraordinaria; y se montó sobre ellos para que le llevasen en su vuelo. De esa manera:

«Tanto pudo el rey a las nuves pujar,
veyé montes e valles de yus de sí estar,
veyé entrar los ríos todos en alta mar,
mas cóm yazié o non, nunca lo pud’asmar.

Veyé en quáles puertos son angostos los mares,
veyé grandes peligros en muchos de lugares,
veyé muchas galeas dar en los peñiscales,
otras salir a puerto adobar de yantares.

Mesuró toda África cóm yazié assentada,
por qual parte serié más rafez la entrada,
luego vio do podrié aver mejor passada,
ca avié grant exida e larguera entrada.

Luengo serié de todo quanto que vio contar,
non podrié a lo medio tod’el día bastar;
mas en un ora sopo mientes allí parar
lo que todos abades non lo sabrián asmar.

Solémoslo leer, dizlo la escriptura,
que es llamado mundo del omne por figura;
qui comedir quisiere e asmar la fechura,
entedrá que es bien a razón sin pressura.

Asïa es el cuerpo, segunt mi oçïent,
sol e luna los ojos, que naçen de orient,
los braços son la cruz del Rey omnipotent,
que fue muerto en Asia por salut de la gent.

La pierna que deçende del siniestro costado
es el reino de África por ella figurado;
toda la mandan moros, un pueblo muy dubdado,
que oran a Mafómat, profeta muy honrado.

Es por la pierna diestra Eüropa notada,
ésta es más católica, de la fe más poblada,
tienen Petrus e Paulus en ella su posada,
ésta es de la diestra del bispo santiguada.

La carne es la tierra espessa e pesada,
el mar es el pellejo que la tiene çercada,
las venas son los ríos que la tienen temprada,
fazen diestro e siniestro mucha tornaviscada.

Los huessos son las peñas que alçan los colados,
cabellos de cabeça, las yervas de los prados;
crían en esta tierra muchos malos venados,
que son por majamiento de los nuestros pecados».

(Libro de Alexandre, est. 2496-2514)

Es, sin duda, el momento culminante de vida de Alejandro, cuando consigue contemplar lo que ningún ser humano ha contemplado jamás: la Tierra en su integridad. En un mundo sin naves espaciales, sin satélites y con escasos conocimientos científicos de la cosmología, la Tierra desde arriba sólo podía resultar una imagen secreta, simbólica y mágica. De hecho, algo difícil de concebir al lector contemporáneo es qué Tierra podía tener a la vista Alejandro en las alturas. Con el bombardeo de imágenes tomadas desde el espacio que llenan la retina del hombre actual, es lógico que, al leer ese pasaje del Libro de Alexandre, salte a la imaginación la habitual fotografía de un planeta azul y ocre, lleno de luz. Sin embargo, el mundo que el autor castellano se imaginaba que veía su héroe era un mundo dibujado según la descripción de San Isidoro en sus Etimologías. Así, desde el cielo, la tierra tenía que ser de este modo:

Hereford mappamundi, ca. 1300

Si nos fijamos, se trata de una imagen circular, aunque no responde a la manera en que concebimos hoy en día la Tierra, en tres dimensiones. Al contrario, se trata de un orbe plano en dos dimensiones, sin volumen esférico. La imagen de un globo, sin embargo, ya existe desde época antigua: el círculo se hacía eco de la idea de Aristóteles y los geógrafos grecorromanos, que se recupera en la Edad Media gracias al aristotelismo. Esta forma esférica se prestaba a una concepción analógico-simbólica del universo, y representaba adecuadamente la idea de perfección (como la que se esconde, de hecho, detrás de símbolo del globus cruciger imperial, al estilo del que ostentan los emperadores germanos medievales en una de sus manos, complementando al cetro).

Alejandro comprende la semejanza que existe entre el mundo y el cuerpo humano, entre el macrocosmos y el microcosmos: es decir, que el cosmos se halla reflejado o resumido en el hombre, de tal manera que hay analogías entre ambos. Estas analogías son también símbolos de la perfección divina: Asia es la parte superior del cuerpo; África, la pierna izquierda; Europa, la pierna derecha; el océano es la piel; las hierbas, los cabellos; los ríos, las venas; las rocas, los huesos… La estructura de los entes más grandes se corresponde, en orden, con la de los más pequeños, en una reproducción ilimitada de la obra sagrada.

La contemplación del mundo -un mundo real en forma de globo y, metafóricamente, una imagen a escala del hombre- consigue saciar las ansias de saber de Alejandro; y, en otro orden, le permite dominarlo con la inteligencia antes de que se produzca la conquista fáctica de ese mundo por las armas. Además la narración pinta de forma vívida al lector la imagen increíble de los territorios que serán posteriormente conquistados por el protagonista. De ese modo, se destaca más la valía del hombre que conseguirá tomarlos; y ofrece un retrato del mundo visto desde el cielo más fácilmente concebible para el hombre medieval, tan incapaz de imaginarlo desde las alturas como hoy resulta para nosotros aprehender la infinitud del espacio.

María Elena Roig Torres

Septiembre 2, 2008 Publicado por Elena Roig | detalles medievales, historia, investigación | , , , , , , , , , | 3 comentarios