TESSEL·LA

Cultura Medieval

Románico mediterráneo

Relieve de la catedral de Vic: detalle de los apóstoles Judas y Bartolomé (1140-1160)

En los meses pasados, aquellos que residimos en Barcelona tuvimos la oportunidad de visitar una destacada exposición de arte románico en el M.N.A.C. (Museu Nacional d’Art de Catalunya). Bajo el sugerente título de “EL ROMÀNIC I LA MEDITERRÀNIA (CATALUNYA, TOULOUSE I PISA. 1120 – 1180)” se ponía de relieve uno de los principales rasgos del movimiento: su internacionalismo. La naturaleza continental del románico se convirtió en el eje vertebral de una exposición que acogía algunas de las piezas más emblemáticas y representativas del movimiento.

Evidentemente, el título no era gratuito. Por encima de sus variedades regionales, el románico nos ofrece el primer estilo internacional de la Edad Media: a lo largo de los siglos XI y XII, y en particular a la vera de los caminos de peregrinación, se erigieron edificios que ofrecían rasgos comunes entre sí, por encima de diferencias nacionales y locales. Este fenómeno se extendía de Francia a Inglaterra, de Italia hasta la Península Ibérica, y, en ella, desde Cataluña a Galicia. Sobre este mapa geográfico destacaba en particular la vía mediterránea. Al fin y al cabo, de un modo similar a la nuestra, la sociedad pleno-medieval estuvo siempre en movimiento, observando el mundo desde el camino que pisaba en su viajar. Esta homogeneidad llevó a los teóricos de Historia del Arte a estudiar sus circunstancias sociales, convencidos de que se trataba de la expresión artística de una época, y no de un país o de una región en concreto.

La naturaleza internacional del románico se desvela, sobre todo, por concomitancias arquitectónicas observables en puntos geográficamente muy lejanos. Por poner un ejemplo, tres iglesias localizadas a gran distancia unas de otras -Sainte-Foy de Conques, Saint-Sernin de Toulouse y Santiago de Compostela- mostraban una serie de similitudes arquitectónicas que sólo se explicarían por una relación directa entre ellas. En este caso en particular, se cree que dichas similitudes encontrarían su explicación en el Camino de Santiago, puesto que eran tres jalones fundamentales en la ruta jacobea. De ahí la importancia del Camino, que se habría convertido en la vía de entrada del nuevo arte románico europeo en la Península Ibérica. En realidad, el Pirineo nunca fue una frontera física: la expansión del poder catalano-aragonés al sur de la actual Francia es una buena muestra. De hecho, en la exposición se hacía hincapié en la figura del conde barcelonés Ramon Berenguer IV como cabeza de un linaje que tuvo gran incidencia en todo el territorio mediterráneo a lo largo de la Edad Media.

La exposición resaltaba todas estas particularidades mostrando piezas procedentes de los principales talleres artísticos románicos, como de la escuela del maestro de Cabestany, de Guglielmus o de Gilabertus, cedidas por algunos de los principales museos europeos y americanos. De ese modo, se podía comparar la profusa decoración vegetativa, llena de detalles, de la catedral de Pisa, con el excelente preciosismo de los episodios representados en el claustro de la catedral de Saint-Étienne, en Toulouse (en particular, el capitel historiado con las escenas de la muerte de san Juan Bautista y la bella Salomé). O contrastar la simetría de las representaciones apostólicas en los relieves de Vic con la estilización del tímpano de Santa Maria de Cabestany, en la que destacan ciertos elementos originales dentro de la escena triple de la asunción de la Virgen (como la aparición de Tomàs, quien levanta el cinturón que María ha dejado caer del cielo para superar su segunda incredulidad).

Tímpano de Santa Maria de Cabestany: detalle de Tomás portando la cinta de María, por el Maestro de Cabestany (mitad siglo XII)

Las piezas mostradas estaban construidas fundamentalmente en piedra: capiteles, relieves, fustes, esculturas, entre otros. Para ejemplos de pintura mural, la entrada a la exposición temporal permitía el acceso a la zona de la permanente del M.N.A.C. dedicada al arte románico. En ella, es posible gozar de la decoración pictórica del interior de varias iglesias catalanas, como la de Sant Climent de Taüll, con su espectacular pantocrátor. Así se compensaba la escasez de muestras en piedra de la exposición permanente con las piezas incluidas en la temporal.

Resultó una exposición entretenida y seductora, incluso para aquellos desconocedores de los entresijos internos del movimiento artístico románico, gracias a que el museo puso a disposición de los asistentes un servicio gratuito de audioguías. El programa de audio era suficientemente aclaratorio y permitía una comprensión cabal de las obras expuestas. En ese sentido, lo único que podría reprocharse a la organización sería la disposición de las piezas, que no ayudaba a comprender las diferencias entre escuelas o la evolución artística que sufrieron. Al contrario, la muestra quedaba como un despliegue excesivamente desligado, como si hubieran sido elegidas más en concepto de su belleza que por una relación intrínseca entre ellas. En realidad, es a partir de la lectura del grueso volumen publicado a raíz de esta exposición que se comprende la elección de algunas de esas piezas que conformaban la exhibición; y, mientras que en el libro queda muy claro cuál es el vínculo que unía a todas, en el museo no se percibía bien la naturaleza de esa relación y el motivo de su selección y disposición.

Sin embargo, a pesar de la falta de un hilo conductor claro, lo cierto es que las piezas destacaban por la delicadeza de su factura y hacían que la muestra se convirtiera en un deleite para cualquiera -profesional o aficionado- que aprecie las tallas y bajorrelieves románicos. No siempre se tiene la oportunidad de ver en un mismo espacio físico ejemplos tan dispares y, al tiempo, tan similares, de un movimiento artístico fundacional como el románico.

Esperamos que, como nosotros, pudierais disfrutar de esta exhibición de la que os dimos noticia hace varios meses en nuestra agenda de actividades.

Capitel del claustro de Saint-Étienne: detalle de Herodes con Salomé, en las escenas de la muerte de Juan el Bautista (1120)

Texto y fotografías: María Elena Roig Torres

BIBLIOGRAFÍA BÁSICA:

  • Castiñeiras, M. -Camps, J., El romànic i la Mediterrània. Catalunya, Toulouse i Pisa. 1120-1180, Museu Nacional d’Art de Catalunya, Barcelona, 2008.
  • Durliat, M., El arte románico, Akal, Madrid, 1992.
  • Vázquez de Parga, L. – Lacarra, J. Mª – Uría Ríu, J., Las peregrinaciones a Santiago de Compostela, CSIC, Madrid, 1948.
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mayo 21, 2008 - Posted by | detalles medievales, investigación, Uncategorized | , ,

1 comentario »

  1. ngultrum says : I absolutely agree with this !

    Comentario por ngultrum | mayo 29, 2008 | Responder


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